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jueves, 22 de septiembre de 2016

Conociendo a Dios | RPH 3882

por Cornelio Rivera


La única manera de conocer bien a una persona es estableciendo una relación cercana y continua con ella. Cuando conoces a alguien por primera vez, cierta percepción se forma en tu mente. ¿Amable, inteligente, bien preparado, con experiencia, con habilidades? O quizás sea todo lo contrario. ¿Pedante, falto de entendimiento, ignorante, sin preparación, torpe? Pero estas son únicamente las primeras impresiones, la realidad puede ser totalmente diferente. Esa primera impresión, buena o mala, se queda contigo a menos que comiences a tratar a tal persona y desarrollar una relación con ella.

 Graves son los problemas que pueden resultar cuando dos personas que recién se conocen, concluyen que ha sido cuestión de “amor a primera vista” y al poco tiempo o casi de inmediato, se casan. En el momento puedes pensar que ella es una princesa y él, desde luego, el príncipe azul. El noviazgo es un tiempo para conocerse mejor, y quizás sea durante ese tiempo que te das cuenta de las faltas de la princesa y de los defectos del príncipe. No es sino hasta después de cierto tiempo, que la primera impresión que percibiste, o se confirma o se destruye, o como es en la mayoría de los casos, en alguna forma se modifica. Para conocer a alguien verdaderamente, necesitas una continua y cercana relación. 

Por tres años los discípulos de Jesús estuvieron con Él, escucharon sus palabras, le vieron realizar milagros, y más importante para ellos, establecieron una íntima relación con Él. Todo comenzó cuando inicialmente le vieron y le escucharon, y creyendo que Él era el Mesías que realizaría el plan de Dios para los hombres, le siguieron. Entonces, comenzó esa relación, y la primera impresión que tuvieron de Él les fue confirmada y amplificada. Les dijo Jesús: "Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto" (Jn. 14:7). En otras palabras, establecer una relación con Jesucristo y conocerle es conocer también a Dios Padre. ¿Has dado el paso inicial para iniciar una íntima relación con Jesús y genuinamente conocerle, y así conocer a Dios?




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miércoles, 6 de julio de 2016

Capacitación | RPH 3879

por Cornelio Rivera


Tú no puedes hacer aquello para lo que no has sido capacitado. La música es un medio de comunicación universal, y creo que a todos nos gusta algún tipo de música. Al escuchar la conmovedora ejecución de una pieza musical, quisiera poder hacer lo mismo. Duplicar la virtud del instrumentista, imitar la voz que con acertada emoción comunica el sentido de la composición. Pero, tengo el problema que aunque me guste la música, aunque me dé gran placer escucharla y mi espíritu se conmueva con lo que escucho, aunque pueda seguir con mi mente el fluir de la melodía y reconocer los diferentes instrumentos, yo no puedo sentarme al piano o tomar el violín, la guitarra o la trompeta, y reproducir lo que he escuchado. No puedo hacerlo porque no he sido capacitado para ello.

Al aproximarse su arresto y crucifixión, Jesucristo culminó su enseñanza acerca de aquello para lo que había estado capacitando a sus discípulos. Reunidos para la cena, Jesús se ciñó una toalla y comenzó a lavarles los pies (Jn. 13: 4-5). Esto se acostumbraba con los invitados a una casa, era una muestra de cortesía, de etiqueta, de ser un buen anfitrión, pero algo generalmente asignado a un siervo o esclavo. Jesús se adjudicó la tarea para capacitar a sus discípulos en algo que ellos también habrían de hacer. Les dijo: “Si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies…  Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Pues el siervo no es mayor que su señor" (Jn. 13: 12b-16). 

Aquello fue una capacitación en humildad y servicio, estas son virtudes que aprobamos como buenas y admirables, pero que no son naturales en nosotros, y que se nos hace necesario adquirir recibiendo la capacitación adecuada. Quizás tú no has sido entrenado en música, y sabes que hay muchas otras cosas para las que jamás recibirás capacitación. Sin embargo, Jesucristo puede enseñarte humildad y servicio. Los discípulos creyeron en Jesús, se sometieron a Él, y anduvieron con Él para recibir el entrenamiento necesario: servirle a Él y al prójimo con humildad. ¿Te estás sometiendo a esa capacitación?



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martes, 31 de mayo de 2016

Hijo rechazado, padre ofendido | RPH 3878

por Cornelio Rivera


Ningún padre o madre ignora cuando otros golpean, ofenden o rechazan a sus hijos. ¿Te quedas callado cuando día tras día, tu pequeño llega a casa llorando porque en la escuela le han dado golpes? ¿Qué pasa si tu niño tiene algún impedimento y los demás se burlan de él? ¿Qué padre o madre no se molesta cuando los demás alumnos son invitados a la fiesta de un compañerito, excepto su hijo? 

Aún ya crecidos, lo que les pasa a nuestros hijos, sea positivo o negativo, nos afecta. Si algo bueno, nos gozamos, celebramos y nos llenamos de satisfacción. Si algo malo, nos preocupamos, lloramos, experimentamos su pena en nosotros mismos. Los hijos son una extensión de nuestra propia persona, el buen padre que ama a sus hijos, se identifica con ellos en todo. Más que el apellido, el vínculo se extiende a nuestro propio ser, lo que afecta a mis hijos, de alguna forma me toca a mí también.

Se cuenta que “Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo. Envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero… le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Envió a otro siervo; y… también, le golpearon y afrentaron… Envió… un tercer siervo; e igual, le echaron fuera, herido. Entonces el dueño de la viña dijo: Enviaré a mi hijo amado; quizás… a él, le tendrán respeto. Más los labradores… discutían entre sí, diciendo: este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. Y le echaron fuera… y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros” (Lc. 20:9-16). Estas palabras enseñó Jesús acerca de su Padre, el dueño de la viña, de los profetas, los siervos enviados, y de sí mismo, el Hijo amado, despreciado y matado.

Ningún padre ignora el rechazo o el maltrato de su hijo. No lo haces tú, no lo hago yo, y puedes estar seguro, que tampoco lo hace Dios. ¿Cómo tratas tú a Su Hijo?



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lunes, 2 de mayo de 2016

Más tarde puede ser muy tarde | RPH 3875

por Cornelio Rivera


La anciana estaba moribunda, los hijos, en diversos lugares, recibieron el llamado de acudir al lecho de su madre. Ellos, ansiosamente se dirigieron a casa de ella, mientras viajaban, rogaban poder llegar a ver a su querida anciana viva todavía, para darle un último abrazo y decirle una última palabra. Al llegar, se reunieron alrededor de su lecho, miraron esas manos gastadas que tanto trabajaron por ellos, y la frente surcada de arrugas mostraba la larga trayectoria dedicada al cuidado y la preocupación de los suyos. En aquellos ojos, casi cerrados, vieron la expresión de cariño y dulzura que había siempre colmado sus vidas. 

Era imposible evitar las lágrimas y el sollozo, inclinándose, el mayor besó la cara de la anciana, diciéndole: "Madre querida, has sido tan buena con nosotros que queremos decirte cuanto te amamos y te agradecemos". Los ojos, casi cerrados, se esforzaron para abrirse, con un rostro iluminado, los labios que habían permanecido inmóviles, pronunciaron sus últimas palabras: "Gracias hijo, me conmueve saberlo, nunca me lo dijiste antes". ¡Cuán importante es expresar nuestro amor, devoción o agradecimiento, ahora!; más tarde puede ser muy tarde.

Apenas seis días antes de la crucifixión, sin imaginarse que era la última semana de Jesús en la tierra, sus discípulos le acompañaron a una cena en Betania, donde había resucitado a Lázaro. Allí estaban Lázaro y sus hermanas María y Marta. María, queriendo demostrar su devoción, amor, agradecimiento y sumisión a Jesús, ungió sus pies con un costoso perfume y los enjugó con sus cabellos (Jn. 12:3). A algunos, incluyendo a Judas Iscariote, les pareció un gasto exagerado e innecesario. Jesús, contemplando el corto tiempo que le quedaba en la tierra dijo: "Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto” (Jn. 12:7). María, de no haber hecho aquello en ese momento, después ya habría sido tarde. Ahora, somos nosotros los que partiremos a la eternidad, no sabemos si nos queda una semana, un mes, un año o quizás tan solo un día, ¿estamos expresando nuestra devoción a Dios y amor a los demás a nuestro alrededor? Más tarde puede ser muy tarde.



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martes, 1 de marzo de 2016

El jefe quiere hablar contigo | RPH 3844

por Cornelio Rivera


Un psicólogo realizó un experimento, para llevarlo a cabo visitó varias empresas y acercándose a algunos empleados les decía: "El jefe quiere hablar contigo". La reacción de las personas era preponderantemente de preocupación. Algunos palidecían, otros se mostraban perturbados y aunque no lo exclamasen verbalmente, sus rostros parecían preguntar: ¿qué habrá sucedido?, ¿qué me querrá decir?, ¿me van a despedir? 

Si has desempeñando tu labor como te han indicado, si has mantenido una buena relación con tu jefe y tus colegas, si has demostrado lealtad y dedicación a la empresa, no hay razón para preocuparte. Pero, si sabes que hay algo por lo que te puedan llamar la atención o aun despedirte, las palabras: "El jefe quiere hablar contigo" pueden hacer sudar tus manos y que tu corazón palpite más rápido. Según una antigua anécdota, algo similar sucedió cuando el canciller fue a entrevistarse con la Reina de Inglaterra. Al llegar el canciller, la Reina le dirigió una mirada que produjo una reacción en aquel hombre que le causó un paro cardíaco y la muerte.

Piensa en esto: si la mirada de una reina puede provocar temor, si saber que el jefe desea hablar contigo puede perturbar tu estado de ánimo y hacer fluir la adrenalina, ¿cómo reaccionarás al estar delante de Dios, el creador del universo, santo, soberano, conocedor de todo detalle de tu vida y poderoso para hacer contigo como Él considere apropiado? ¿Cuál será tu reacción cuando Dios te llame y quiera, por decirlo así, hablar contigo? ¿Cómo te hará sentir su penetrante mirada? ¿Está tu conciencia tranquila con tu relación y responsabilidad para con Él, de manera que si ahora mismo te llamara, tu reacción sería de gozo y no de temor? 

Jesús les dijo a los que verdaderamente creyeron en Él, que al estar ellos de nuevo en su presencia, el corazón de ellos se gozaría (Jn. 16:22). Por otra parte, la Biblia advierte diciendo: "¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb. 10:31). ¿Sabes lo que te espera, cuando Dios quiera hablar contigo?





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jueves, 11 de febrero de 2016

Viviendo según lo que sabes | RPH 3843

por Cornelio Rivera


Estaba lloviendo, y el joven de diecinueve años sabía que llegaría tarde a la universidad. Apresuradamente, con los libros en una mano, la chaqueta medio puesta y tratando de comerse una rebanada de pan, salió corriendo de su casa diciéndole a su madre: "¡Sí, ya lo sé, no tienes que decírmelo!". Esas fueron las últimas palabras que aquella mujer escuchó de los labios de su hijo. Un poco más tarde, le informaban que su hijo había tenido un accidente automovilístico. Según el reporte, el automóvil corría a excesiva velocidad, en una curva, y con el asfalto bastante resbaladizo, se salió de su carril yendo a pegar de frente con un camión que se aproximaba; la muerte fue instantánea. Comentaba después la madre, que sus últimas palabras a su hijo fueron: "Ten cuidado, no conduzcas tan rápido que está lloviendo". A eso fue a lo que el joven respondió: "¡Sí, ya lo sé, no tienes que decírmelo!". 

Si actuásemos según lo que sabemos, ¡cuán diferentes serían las cosas! Menos accidentes, menos vidas perdidas; mayor dedicación a las cosas importantes. La pobreza, los problemas sociales, la debida crianza de nuestros hijos, la responsabilidad a nuestras familias, la honestidad en lo que hacemos; recibirían mayor atención. Vivir según lo que sabemos, nos permitiría discernir entre lo bueno y lo malo. Pero hay gran incongruencia entre lo que hemos acumulado en la cabeza y la forma en que actuamos. Interesantemente, la Biblia explica que saber hacer lo bueno y no hacerlo es pecado (Stg. 4:17).

¿Qué otras cosas ya sabes, pero que no afectan tu vida? Dice la Biblia que el pecado nos separa de Dios, ¿sabes esto? ¿Afecta esa realidad la forma en que te conduces? Permíteme informarte de otra realidad, dice la Biblia que el “Señor vendrá como ladrón en la noche; que cuando digan paz y seguridad, vendrá destrucción repentina” (1 Ts. 5:2-3). Saber que en algún momento puede llegar un ladrón a tu casa, te hace adoptar medidas de seguridad. Saber que Jesús puede venir en cualquier momento para ejecutar juicio, ¿no afectará eso tu conducta y tu vivir?


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lunes, 25 de enero de 2016

Afectando positivamente a la sociedad | RPH 3841

por Cornelio Rivera


La sociedad está en crisis. Internacionalmente, el terrorismo está a la orden del día. Las opiniones difieren en cuanto a cómo responder. La pobreza y el desempleo han causado una ola de inmigración ilegal, con complicaciones en la economía global y fricción entre países. Las pandillas o maras, ya no son puramente locales, su violencia es un dolor de cabeza que ha atravesado fronteras. En Estados Unidos, las pandillas tienen unos ochocientos mil miembros operando en unas mil quinientas comunidades. También, hay reportes que indican alianzas entre las pandillas más violentas y el narcotráfico. ¿Hay alguna respuesta a esta jornada hacia la anarquía y violencia en nuestra sociedad? 

En realidad, los problemas sociopolíticos no son nada nuevo. En el primer siglo, la corrupción y tiranía en el mundo romano era tan espeluznante como la violencia de hoy. Roma ejercía el poder, los romanos desdeñaban a los griegos considerándoles indisciplinados, afeminados, inmorales y amantes del lujo. Las ciudades, como hoy, eran habitadas por los pocos ricos y los muchos pobres. La inmoralidad predominaba, resultado de una religión idólatra y tolerante del libertinaje sexual.

En ese contexto político y social, el Apóstol Pablo, conocedor del estilo de vida en la sociedad grecorromana, escribió de unos habitantes de la ciudad de Tesalónica, que habían aprendido a amarse los unos a los otros. Pablo los anima a abundar más en eso (1 Ts. 4:9-10), a dedicarse con ahínco al trabajo (1 Ts. 4:11), a conducirse honradamente con los demás (1 Ts. 4:12). Amor, dedicación al trabajo y una vida honorable, afectarán efectivamente a la sociedad. Pero antes que nada, Pablo dijo de aquellas personas, que en todo lugar, la fe de ellos era conocida y la gente reconocía como se habían convertido de los ídolos a Dios, con la fe y esperanza en Jesucristo (1 Ts. 1:8-10). Ese es el primer paso para que tu vida afecte positivamente a la sociedad en que vives.

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martes, 1 de diciembre de 2015

No solo los niños crecen | RPH 3839

por Cornelio Rivera


Nuestros hijos crecen, pero no lo notamos tanto porque los vemos todos los días. Pero, compara una fotografía de hace unos dos años con ese hijo o hija que hoy tiene doce, ¡qué diferencia! El bebé que hace unos meses sus padres lo cargaban, ahora camina y hasta corre por sí solo. El niñito que balbuceaba intentando repetir lo que oía, ahora forma frases completas y perfectamente se comunica contigo y con los demás. El que únicamente miraba los dibujos de un libro, ahora puede leer las palabras. 

Año tras año, observamos no solo el crecimiento físico de los niños, sino también su desarrollo intelectual. Esto es tan normal y lo esperamos con tanta naturalidad, que cuando parece haber un retraso en ese desarrollo, nos preocupamos e intentamos encontrar respuestas del por qué ocurren ciertas cosas. ¿Por qué no camina?, ¿por qué no habla?, ¿por qué parece tener problemas en reconocer las letras y los números?, ¿por qué le es difícil socializarse con los de su edad? El crecimiento físico, intelectual y social es importante. Si no hay crecimiento nos preocupamos y tratamos de corregir lo que consideramos anormal.

Pero, ¿es el crecimiento solo físico, intelectual y social? La Biblia habla también de la necesidad de “Crecer en la gracia y el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 3:18). Hay otra dimensión de nuestro crecimiento en la cual Dios está interesado; la espiritual. Crecer en la gracia y el conocimiento de Jesucristo significa aumentar, incrementar, expandir, la relación que se tiene con Él. La falta de crecimiento en esta área, como en las otras, significa que algo anda mal, que hay alguna anormalidad. Tu crecimiento físico comienza a ser evidente desde el momento que naces, ese desarrollo continúa hasta llegar a una total madurez. También, tu crecimiento espiritual comienza en el momento en que Dios te da nueva vida, y naces espiritualmente en Cristo. ¿Es tu crecimiento espiritual evidente? ¿Vas en el camino normal hacia la madurez en Cristo? Si no es así, algo anda mal.

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viernes, 20 de noviembre de 2015

Venciendo la tentación | RPH 3838

por Cornelio Rivera


No hay día en que las personas no sean instigadas a hacer lo que no se debe. En casa, en la calle, en el trabajo, en la escuela, por la radio o por cualquier medio de comunicación, de alguna forma se nos invita a pensar o a hacer lo inapropiado. Desde el niño atraído a las galletas que su mamá le dijo que no tocara, hasta la mujer que coquetea con el hombre casado, o el empleado por cuyas manos pasan billetes que pueden ser fácilmente desviados al bolsillo, sin que nadie lo sepa. 

He aquí la tentación: la atracción hacia lo que pensamos nos proveerá satisfacción, pero lo cual, también sabemos que viola principios éticos y morales. La tentación en sí no es mala, al contrario, hay ocasiones cuando puede ser de beneficio. Dice la escritura que Jesucristo "fue tentado en todo… pero sin pecado" (Heb. 4:15). Esa tentación dio evidencia, para nuestro beneficio, de la completa perfección e impecabilidad de Jesucristo. En cuanto a la tentación que nosotros experimentamos, dice la Biblia: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Stg. 1:12). La pregunta es: ¿tenemos la fuerza para vencer? He aquí el beneficio de la tentación de Jesús para los hombres, pues explica la Biblia que "Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Heb. 2:18). Por lo tanto, Cristo puede ayudarte a vencer cuando eres tentado. 

Pero su ayuda no es automática para todos en toda tentación. Escucha la explicación de la Biblia: “No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Heb. 4:15). Y la conclusión a la que se nos llama es: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:16). ¿Te has acercado a Jesús, confiando absolutamente en Él y en su poder para vencer la tentación?

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viernes, 13 de noviembre de 2015

Obstáculos y victoria | RPH 3837

por Cornelio Rivera


Casi en todo lo que deseamos realizar encontramos dificultad o resistencia. Por muy pequeño que sea el proyecto, habrá contratiempos, inconvenientes e impedimentos. ¡Qué difícil es la vida! Desde las relaciones personales hasta en lo económico, en cuestiones de trabajo, en la escuela, en querer hacer lo bueno, lo correcto o lo justo, en todo lo que emprendemos, algo o alguien se pone en medio y da problemas. Ahora mismo quizás tú estés por realizar algo, pero hay detalles con los que no puedes proseguir porque algo o alguien se ha plantado como una barrera imposibilitando el paso. Si esto sucede en las actividades normales de la diaria existencia, cosas que puedes ver, también ocurre en otra área de tu vida que no es tan aparente ni visible; el área espiritual. 

En el libro alegórico llamado “El Progreso del Peregrino”, los nombres describen el carácter, personalidad o naturaleza de cada personaje o lugar. Cristiano, emprende una trayectoria desde la “Ciudad de la Destrucción” hasta la “Ciudad Celestial”. En su peregrinaje atraviesa por el “Pantano de Desánimo”, resiste las insinuaciones del señor “Sabio Mundanal”, y tiene que lidiar con la insinceridad de “Hablanchín”. Otros, con nombres como Apolión, Envidia, Superstición, No-bueno, Malicia, Ateo y el Gigante de Desesperación tratan de frustrar el peregrinaje e impedir que Cristiano llegue a la Ciudad Celestial.

Teniendo que pasar por el “Valle de Humillación”, el “Valle de Sombra de Muerte”, el “Castillo de la Duda” y la “Feria de la Vanidad”, la jornada de Cristiano es de constante oposición, obstáculo y dificultad, indicando que solo los que están totalmente determinados y apropiadamente equipados, la pueden realizar exitosamente. La alegoría acentúa la realidad bíblica de la dificultosa jornada espiritual, que el ser humano confronta durante su peregrinaje sobre la tierra hasta entrar a la eternidad. ¿Qué o quién está obstaculizando tu jornada hacia Dios? Dice la Biblia: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:57).


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miércoles, 14 de octubre de 2015

Cambio radical | RPH 3832

por Cornelio Rivera


Hace varias décadas, aparecieron en Estados Unidos unos vehículos que habían sufrido un cambio radical. Originalmente, su forma y función era la de un pequeño autobús con tres o cuatro filas de asientos; acomodaban unas doce o hasta quince personas. Algunos se usan todavía como minibuses de transporte colectivo en varios países hispanos, también quitándole los asientos, se usan para transportar carga. 

Pero, a alguien se le ocurrió transformar estos vehículos haciéndolos atractivos para las familias, con ciertas amenidades y comodidades de una sala. Les instalaron ventanas grandes con cortinas o persianas, forraron las paredes con madera simulada y cubrieron el piso con una alfombra gruesa. El modelo más básico tiene cuatro sillas poltronas o perezosas, que pueden girar de un lado a otro y se reclinan si quieres dormir una siesta, y en la parte trasera tienen un sofá que puede hacerse cama. Algunos tienen dos aires acondicionados, uno adelante y otro atrás. Prácticamente no tiene límites lo que puedes pedir que te instalen en una de estas naves: televisión, bar, refrigerador, estufa, mapa electrónico, etc. Estos vehículos han pasado por una verdadera transformación, la forma en que se conocen y la designación que se les da es: vehículos de conversión. La razón es que han sido convertidos de algo común a algo muy especial y notable de inmediato, especialmente al abrir la puerta y observar los cambios internos.

La Biblia también habla de conversión, una conversión con obvios y notables cambios en la vida de una persona. Tal como un vehículo continúa siendo como salió de la fábrica, a menos que lo conviertan o transformen en algo diferente, así sucede con una persona en su condición espiritual. Para que haya cambios en su vida, en lo que hace, en lo que vive, tendrá que pasar por una conversión radical interna. Cuando Jesús envió a Pablo a predicar el Evangelio le dijo: “Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hch. 26:18). ¿Has sido convertido por Dios?

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miércoles, 7 de octubre de 2015

Empeorar en vez de mejorar | RPH 3831

por Cornelio Rivera


Hay veces en las cuales, queriendo mejorar empeoramos. Allí, frente a la cámara, a la vista de miles de televidentes, estaba un niño, víctima de un accidente en el que su camisa comenzó a quemarse, las llamas amenazaban envolver la totalidad de su pequeño cuerpo. El niño desesperadamente corrió dando grandes gritos, hasta que alguien lo tiró al suelo intentando apagar las llamas. Mientras el niño corría tratando de quitarse las llamas, sin saberlo, empeoraba su situación: el viento producido con su carrera alimentaba las llamas y le convertía en una antorcha humana. 

Si no sabes nadar y te estás ahogando, tratando de salir a flote, más rápido te hundes  pataleando y dando manotadas. Hace un par de siglos, era común y aceptable como tratamiento médico sacarle la sangre a un paciente, considerando que algo malo en la sangre causaba la enfermedad, pues ellos pensaban que sacándola, el paciente obtendría mejoría, pero aquello, más bien aceleraba la muerte del enfermo. Hay veces en las que, queriendo corregir algo o mejorarlo, nuestras acciones lo empeoran.  

Al percatarnos de la importancia de lo espiritual, buscamos realizar mejoras, he allí la razón para la religiosidad en nuestros países. Votos, penitencias, peregrinajes, caridades, rituales, limosnas, rezos y oraciones, son formas de querer mejorar en lo espiritual. Sin embargo, la realidad es que tratando de mejorar espiritualmente, más bien empeoramos. Cuando confías en lo bueno que haces para ganar el favor de Dios, inconscientemente rechazas lo único divinamente establecido para ser aceptos ante Él. 

Dice la Biblia, que nuestras obras por muy buenas que sean, ante la santidad de Dios, son como trapos inmundos, sucios, inaceptables. Por eso, el privilegio de entrar y permanecer en su presencia no es por obras (Is. 64:6; Ef. 2:8-9). Lo único y necesario es ir a Cristo, pues con su muerte en la cruz, Él pagó por nuestros pecados y nos concede acceso a la presencia y bendición divina. Lo que cuenta delante de Dios es tu fe en Jesús, si te arrepientes genuinamente de tu pecado y recibes por fe a Jesucristo como Salvador, eso sí mejorará tu vida y tu futuro eterno.

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viernes, 25 de septiembre de 2015

Confianza sumisión y obediencia | RPH 3829

por Cornelio Rivera


Ya estando en el avión, como de costumbre, el piloto nos dio la bienvenida e informó que en breves momentos estaríamos despegando. Con varios aviones esperando turno, el piloto tomó su lugar para esperar la orden de la torre de control, mientras tanto la llovizna que había comenzado, era ahora un aguacero. Ya en posición, aguardando las instrucciones de la torre, nuestro avión continuaba esperando, el reloj seguía su marcha y la espera se alargaba. 

Pasado un rato, el piloto nos informó que le habían ordenado esperar debido a una serie de tormentas. Disculpándose por el retraso, dijo que posiblemente partiríamos dentro de pocos minutos, esto lo repitió varias veces y la espera se convirtió en más de dos horas. Finalmente, la torre de control dio la orden y el avión pudo salir. Aunque tarde, pero sanos y salvos, llegamos a nuestro destino.

¿Imagínate si el piloto, desobedeciendo a la torre, hubiese decidido partir? ¿Qué si los pasajeros amotinados hubieran demandado el despegue? Algunos, seguramente tenían compromisos, otros, conexiones con otros vuelos; a lo mejor los perdieron. También, es posible que alguien haya perdido un negocio. Pero todo era secundario, considerando que desobedecer la orden de esperar, podría haber costado la vida de los pasajeros y la tripulación. El operador de la torre, mejor que nadie, puede evaluar las condiciones para volar. Es la responsabilidad del piloto someterse y obedecer las instrucciones. Lo más provechoso para los pasajeros es someterse a las decisiones del piloto y de la torre.

En la vida diaria, Dios, como un operador de torre conoce mejor que nadie las tormentas, los vientos fuertes, así como la mejor hora en la cual tú puedes hacer las cosas y hacia dónde dirigirte. ¿Estás dispuesto a someterte a sus instrucciones y obedecerle? Dice la Biblia: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Pr. 3:5-6).

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viernes, 4 de septiembre de 2015

En el último minuto | RPH 3826

por Cornelio Rivera


¡Qué emoción cuando el gol ganador entra a la red faltando unos segundos para terminar el partido, o cuando el balón entra a la canasta al momento del pitazo que pone final al encuentro, o cuando el batazo con las bases llenas da por terminada la entrada y el juego! Es entonces cuando saltas de la silla o de la gradería y gritas con aprobación. Hay equipos que tienen la reputación de ganar juegos ¡en el último minuto! El problema es que al hacerlo varias veces, el público espera que siempre que vayan perdiendo puedan hacer lo milagroso y ganar una vez más, segundos antes del silbato, ¡en el último minuto! Pero bien sabemos que esas hazañas no ocurren todo el tiempo, y que llega el momento cuando el juego se pierde. 

Algunos viven y hacen las cosas, esperando ese último momento. El estudiante, teniendo todo un semestre, comienza su proyecto unos pocos días antes de vencerse el plazo. Muchos esperan hasta el último día para llenar formularios, hacer solicitudes o pedir extensiones. Aunque decimos: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", difícilmente aprendemos la lección, y nos acostumbramos a dejar las cosas para mañana o para más tarde, lo cual nunca llega y cuando llega ya es muy tarde, nadie puede vivir así y esperar que todo vaya a salir bien. 

El último minuto puede ser emocionante en el deporte, pero cuando las cosas importantes de tu vida están de por medio, no puedes esperar que siempre ocurra un milagro. Lo más crítico de dejar para el último momento es no arreglar cuentas con Dios, sino hasta estar en cama, cerca de la muerte. Nada es más peligroso que pensar que tal vez en ese entonces, puedas tener oportunidad para hacerlo.

La Biblia te insta a que al escuchar el llamado de Dios no endurezcas el corazón (Heb. 4:7). “He aquí el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación" (2 Co. 6:2). ¡Cuán urgente es responder al mensaje de Dios en Cristo! Si esperas hasta mañana, quizás ese mañana no llegue. No esperes hasta el último minuto, responde ahora mismo.

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miércoles, 26 de agosto de 2015

Obstáculo a la bendición | RPH 3825

por Cornelio Rivera


He transitado por muchas carreteras en los países hispanos, en algunas, apenas sientes el movimiento del auto, en otras tienes que ir muy despacio para evitar caer en lo que parece ser un cráter, y arriesgar que te trague la tierra. A ciertos lugares llegas con relativa facilidad, a otros, con muchos obstáculos. Eso me hace pensar en las muchas dificultades de hace apenas unas cuantas décadas atrás para llegar a muchos de esos lugares. 

Leyendo un libro acerca de exploradores y arqueólogos, descubridores de ruinas y antiguas civilizaciones, me doy cuenta de cuán difícil fue para aquellos pioneros penetrar densas junglas, cruzar elevadas montañas, atravesar peligrosos y caudalosos ríos, y literalmente abrir camino para llegar a sitios que hoy visitas con relativa facilidad. Llegar a esos lugares requirió quitar los muchos obstáculos que los exploradores inicialmente encontraron. 

Selvas fueron despejadas, montañas prácticamente partidas por mitad o perforadas con túneles para atravesarlas. Ríos han sido desviados o puentes construidos para lograr pasar al otro lado. Antes de que el moderno viajero pudiese beneficiarse de las maravillas de esas civilizaciones, antes de poder admirar las antiguas culturas, fue necesario remover los obstáculos del camino. Haber logrado eso en el pasado, nos ha beneficiado en el presente. 

Existe un paralelo con la situación espiritual de los hombres. Dios desea favorecernos abriendo el camino que nos lleva libremente a gozar de los tesoros de su gracia. Pero, hay un obstáculo en particular que se debe remover para que seas beneficiado con todo lo que Él tiene para ti. Jesús lo explicó diciendo: “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (Jn. 3:12). Nuestra tendencia a la incredulidad, es una formidable barrera que nos impide gozar de las maravillas que Dios desea mostrarnos. El Apóstol Pedro lo expresó diciendo que para los que no creen, Jesucristo viene a ser una piedra de tropiezo (1 Pe. 2:8). ¿Dejarás que la incredulidad continúe siendo el obstáculo que te impide llegar a gozar de la bendición de Dios?

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viernes, 24 de julio de 2015

Necesidad que necesita respuesta | RPH 3824

por Cornelio Rivera


En un experimento se investigaba la disponibilidad de la gente para ayudar a otros, el resultado de dicho experimento fue emitido en la televisión. Para realizar la investigación, un hombre ciego, con anteojos oscuros y un bastón, fue dejado en una esquina muy transitada. El objetivo era saber cuánto tiempo tomaría hasta que alguien le ayudara a cruzar la calle. En esa ciudad grande, decenas tras decenas de personas atravesaban la calle, muchos de ellos se pararon a la par del ciego para esperar la señal del semáforo; nadie, por un espacio de varios minutos, hizo el menor intento para responder a la necesidad. Fue hasta después de un largo tiempo, que alguien se le acercó y le dijo: "ahora puede cruzar." 

Muchos de los que por allí pasaron, quizás, así son en todo, jamás ponen interés en los demás para ayudarles. Otros, seguramente estaban tan concentrados en lo que hacían o pensaban, tan apurados para llegar a donde iban, que simplemente no se percataban de la necesidad, que enfrente de ellos, demandaba atención personal inmediata. Otro experimento fue hecho con una persona impedida que no podía doblar una rodilla, a quien se le cayeron algunos papeles. Mientras él hacía toda clase de intentos para recoger los papeles, la gente pasaba, pero nadie se paraba a ayudarle. 

¿Cómo respondes a las necesidades a tu alrededor? ¿Estamos tan ocupados con lo nuestro, tan concentrados en lo personal que no tomamos ni siquiera unos segundos, para responder a las obvias necesidades enfrente de nuestros propios ojos? ¡Qué alivio cuando alguien responde a nuestras necesidades! 

En efecto, todos tenemos una necesidad espiritual urgente. Dios, pudiendo resolverla, no la elude ni vacila en contestar. Jesús dijo a un líder religioso llamado Nicodemo: “Os es necesario nacer de nuevo” (Jn. 3:7). Explica la Biblia, que todos los seres humanos, aunque vivos físicamente, estamos espiritualmente muertos delante de Dios en nuestros pecados (Ef. 2:1). Dios responde a la necesidad espiritual cuando el que cree es hecho hijo de Dios, siendo renacido por el poder de su Palabra (1 P.1:23). Los seres humanos no llenamos las expectativas de otros en sus necesidades, pero Dios sí responde a tu necesidad.

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miércoles, 24 de junio de 2015

La más importante decisión | RPH 3822

por Cornelio Rivera


¡Siempre hay decisiones que tomar! Algunas son poco importantes: ¿qué sabor de helado quieres: vainilla, chocolate o fresa? Otras decisiones te afectan un poco más, hay amenaza de lluvia, pero decides irte de paseo o al campo de fútbol, luego cae el aguacero y te resfrías. Entonces lamentándote, entre estornudos, comentas que no debiste haber ido, que fue una mala decisión. Lo bueno es que no es ni el fin del mundo ni el tuyo tampoco, pues te recuperas y todo pasa. 

Otras decisiones son más serias: ¿estudiarás para el examen o irás a la fiesta?, ¿aceptarás el trabajo que te ofrecen o pondrás tu propio negocio? Existen también algunas decisiones que afectan el resto de tu vida: ¿te casas o no, con fulana o sultana, con ese señor viudo o con esa señora divorciada? Hay toda clase de circunstancias en las que tendrás que decidir; con lo que decidas tendrás que vivir por el resto de tu vida. A la vez, esto involucrará a otros con quienes tu vida estará íntimamente ligada. 

Hay decisiones trascendentales que involucran la salud y que pueden ser cuestión de vida o muerte. Cuando mi esposa enfermó súbitamente, la llevé a la sala de emergencias del hospital en estado inconsciente. El especialista me dijo que era necesario operar inmediatamente, la decisión estaba prácticamente hecha, lo único que necesitaba era firmar autorizando la cirugía. Esa decisión afectó mi vida en forma positiva, pudiendo gozar de la presencia y del amor de mi esposa y de tres hijos que nacieron después de esa operación. Hay diversos niveles de importancia en las decisiones que harás en tu vida, pero la más importante es la que harás acerca de tu relación con Dios y tu destino eterno. 

Josué fue un hombre que desafió al pueblo de Israel a tomar una decisión diciéndole: "Ahora, pues, temed a Dios y servidle con integridad y en verdad… y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres… escoged hoy a quien serviréis… yo y mi casa serviremos a Dios" (Jos. 24:14-15). También tú necesitas hacer esa decisión.

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miércoles, 17 de junio de 2015

Confiando en mí mismo | RPH 3821

por Cornelio Rivera


Un niño busca la ayuda de papá o mamá con cosas difíciles, pero al ir creciendo, adquiere conocimiento y facilidad en lo que hace. Su autoconfianza aumenta, su dependencia de otros disminuye, la habilidad de valerse por sí mismo le da un sentido de seguridad. El pequeño comienza dando sus primeros pasos asido de la mano o agarrado de una mesa, una silla o de cualquier objeto para no caerse. Pronto da dos o tres pasitos sin sujetarse de nada o de nadie. Después, tambaleándose y cayéndose con frecuencia, se anima más y quiere caminar solo. 

En poco tiempo, no solo camina sino que corre, con confianza, ya no busca de quien sujetarse. Ha aprendido que para caminar, y aun correr, no tiene que valerse ni de papá, ni de mamá, ni de nadie. Cuando pones las manos en el volante por primera vez tienes temor, salir a las calles en medio del tráfico y maniobrar entre otros automóviles te pone nervioso. Pero, después de unas cuantas veces y unos cuantos sustos, desarrollas confianza y seguridad. Con el tiempo, conducir un auto te resulta de lo más fácil y natural. 

Confianza en nosotros mismos y en nuestra habilidad para las diversas cosas de la vida es algo natural y positivo, necesario y provechoso para el desarrollo normal en un mundo en el que, muchas veces, necesitamos funcionar independientemente. Aprender a funcionar en ciertas áreas te da confianza en tu propia habilidad para salir adelante. Sea lo escolar o académico, los negocios o las finanzas, la música o el teatro, la política, el trabajo vocacional o profesional, o cualquier área que hayas conquistado, te felicito por ese logro. 

Pero, hay algo en lo que ese sentido de habilidad y de confianza, espíritu de independencia y de poder hacerlo todo sin ayuda de nadie, tiene sus desventajas. Considera las palabras de Jesucristo cuando dijo: "Separados de mí nada podéis hacer" (Jn. 15:5). La esencia de hacerlo todo bien, según lo que Dios requiere, implica confianza duradera, fe y dependencia de la presencia de Dios en tu vida a través de la persona de Jesucristo.

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martes, 19 de mayo de 2015

A la hora sin tardar | RPH 3793

por Cornelio Rivera


Alistándome para viajar, una señora quiso que le llevara un regalo a su nieto al lugar donde me dirigía. Yo viajaba al siguiente día y acordó llevarme el paquete al aeropuerto a determinada hora. Al día siguiente, ya con mi boleto de embarque, me puse a esperar. Los minutos pasaban y ella no aparecía, habiendo tomado ese vuelo varias veces y sabiendo que nunca salía a la hora exacta, resolví esperar un poco más. La hora se aproximaba y ella no llegaba, entonces decidí irme al avión. El aeropuerto era grande y la caminata para llegar al puesto de seguridad llevaba varios minutos, cuando llegué allí había una larga fila, mi reloj continuaba su tictac; yo comenzaba a preocuparme. Pasando el puesto de seguridad comencé a correr por aquellos largos pasillos. Con pulso acelerado y respiración semiahogada llegué a la puerta, entré a la rampa y una señorita que estaba allí me dijo: "¿es ese su vuelo? Lo siento, la puerta se cerró y el avión está moviéndose hacia la pista".

¿Te han dejado plantado alguna vez? ¿Has hecho esperar a alguien? Los latinoamericanos tenemos fama de nunca estar a tiempo. Tenemos varios relojes, en la muñeca, al lado de la cama y en la pared. No es falta de información acerca de la hora, es falta de atención a la hora. Esto nos causa problemas, mayormente al tener que ajustarnos a otra cultura, mejor acostumbrada a ponerle atención al reloj y al calendario.

Dios opera de acuerdo con un programa que Él mismo ha diseñado. La Biblia nos recuerda que: "Todo tiene su tiempo, y todo… debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir…” (Ec. 3:1-2). No pienses que el Señor nos ha dejado plantados, o que se le ha olvidado, o que está teniendo dificultades con su horario. Él opera a tiempo y en forma exacta, su justicia perdurable vendrá en el tiempo señalado. “Dios no retarda su promesa…” (2 P. 3:9) y nos hace un urgente llamado diciendo: “Prepárate… al encuentro de tu Dios” (Am. 4:12). Cuando sea la hora, Dios no se tardará, ni tú podrás tardarte. ¿Estás preparado?

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viernes, 20 de marzo de 2015

¿Se puede, o no? | RPH 3789

por Cornelio Rivera


¡Poder o no poder, esa es la pregunta! Cuando existe alguna dificultad, problema o aprieto, queremos saber si la situación puede resolverse. ¿Puedo hacer algo?, ¿puede alguien ayudarme?, ¿qué es lo que se puede hacer? Cuando chocas con tu vehículo, preguntas: ¿puede repararse? Si pierdes el empleo: ¿podré obtener otro rápidamente? Cuando te enfermas tú o uno de tus familiares, lo primero que te viene a la mente es: ¿podrá haber recuperación?, ¿pueden hacer algo los médicos? 

El diccionario define el verbo “poder” así: "Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo. Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer una cosa". Esta es una palabra que produce incertidumbre o expectativa, pero algo de lo cual no siempre tenemos completa seguridad; en algunas ocasiones se puede y en otras no. Es posible que la facilidad, el tiempo o el lugar para realizarlo estén a nuestro alcance, pero muchas veces ese no es el caso, y tenemos que recurrir a otros. Lo crítico es cuando nadie puede hacer nada, ¿qué puedes hacer cuando el plato se te cae de las manos y se hace añicos? No podemos entrar al despacho presidencial y comenzar a dar órdenes, tampoco tenemos el poder para impedir que llueva.  Hay padres que ya no pueden controlar a sus hijos, matrimonios que ya no pueden ser salvados, y peor aún, nadie puede hacer nada una vez que estés muerto. ¿Qué podemos hacer cuando ya no se puede?

Jesucristo dijo: “No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mt. 7:18). También: “De cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3:3). Y agregó: “Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, tampoco vosotros si no permanecéis en mí. El que permanece en mí, y yo en él, lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:4-5). Claramente, hay muchas cosas que en nuestra relación con Dios y con los demás, nosotros, por sí solos, no lo podemos hacer. Pero estando en la cárcel, sufriendo penalidades, el Apóstol Pablo escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). ¿Tú puedes, legítimamente, decir lo mismo?

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