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jueves, 22 de septiembre de 2016

Conociendo a Dios | RPH 3882

por Cornelio Rivera


La única manera de conocer bien a una persona es estableciendo una relación cercana y continua con ella. Cuando conoces a alguien por primera vez, cierta percepción se forma en tu mente. ¿Amable, inteligente, bien preparado, con experiencia, con habilidades? O quizás sea todo lo contrario. ¿Pedante, falto de entendimiento, ignorante, sin preparación, torpe? Pero estas son únicamente las primeras impresiones, la realidad puede ser totalmente diferente. Esa primera impresión, buena o mala, se queda contigo a menos que comiences a tratar a tal persona y desarrollar una relación con ella.

 Graves son los problemas que pueden resultar cuando dos personas que recién se conocen, concluyen que ha sido cuestión de “amor a primera vista” y al poco tiempo o casi de inmediato, se casan. En el momento puedes pensar que ella es una princesa y él, desde luego, el príncipe azul. El noviazgo es un tiempo para conocerse mejor, y quizás sea durante ese tiempo que te das cuenta de las faltas de la princesa y de los defectos del príncipe. No es sino hasta después de cierto tiempo, que la primera impresión que percibiste, o se confirma o se destruye, o como es en la mayoría de los casos, en alguna forma se modifica. Para conocer a alguien verdaderamente, necesitas una continua y cercana relación. 

Por tres años los discípulos de Jesús estuvieron con Él, escucharon sus palabras, le vieron realizar milagros, y más importante para ellos, establecieron una íntima relación con Él. Todo comenzó cuando inicialmente le vieron y le escucharon, y creyendo que Él era el Mesías que realizaría el plan de Dios para los hombres, le siguieron. Entonces, comenzó esa relación, y la primera impresión que tuvieron de Él les fue confirmada y amplificada. Les dijo Jesús: "Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto" (Jn. 14:7). En otras palabras, establecer una relación con Jesucristo y conocerle es conocer también a Dios Padre. ¿Has dado el paso inicial para iniciar una íntima relación con Jesús y genuinamente conocerle, y así conocer a Dios?




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miércoles, 6 de julio de 2016

Capacitación | RPH 3879

por Cornelio Rivera


Tú no puedes hacer aquello para lo que no has sido capacitado. La música es un medio de comunicación universal, y creo que a todos nos gusta algún tipo de música. Al escuchar la conmovedora ejecución de una pieza musical, quisiera poder hacer lo mismo. Duplicar la virtud del instrumentista, imitar la voz que con acertada emoción comunica el sentido de la composición. Pero, tengo el problema que aunque me guste la música, aunque me dé gran placer escucharla y mi espíritu se conmueva con lo que escucho, aunque pueda seguir con mi mente el fluir de la melodía y reconocer los diferentes instrumentos, yo no puedo sentarme al piano o tomar el violín, la guitarra o la trompeta, y reproducir lo que he escuchado. No puedo hacerlo porque no he sido capacitado para ello.

Al aproximarse su arresto y crucifixión, Jesucristo culminó su enseñanza acerca de aquello para lo que había estado capacitando a sus discípulos. Reunidos para la cena, Jesús se ciñó una toalla y comenzó a lavarles los pies (Jn. 13: 4-5). Esto se acostumbraba con los invitados a una casa, era una muestra de cortesía, de etiqueta, de ser un buen anfitrión, pero algo generalmente asignado a un siervo o esclavo. Jesús se adjudicó la tarea para capacitar a sus discípulos en algo que ellos también habrían de hacer. Les dijo: “Si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies…  Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Pues el siervo no es mayor que su señor" (Jn. 13: 12b-16). 

Aquello fue una capacitación en humildad y servicio, estas son virtudes que aprobamos como buenas y admirables, pero que no son naturales en nosotros, y que se nos hace necesario adquirir recibiendo la capacitación adecuada. Quizás tú no has sido entrenado en música, y sabes que hay muchas otras cosas para las que jamás recibirás capacitación. Sin embargo, Jesucristo puede enseñarte humildad y servicio. Los discípulos creyeron en Jesús, se sometieron a Él, y anduvieron con Él para recibir el entrenamiento necesario: servirle a Él y al prójimo con humildad. ¿Te estás sometiendo a esa capacitación?



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martes, 31 de mayo de 2016

Hijo rechazado, padre ofendido | RPH 3878

por Cornelio Rivera


Ningún padre o madre ignora cuando otros golpean, ofenden o rechazan a sus hijos. ¿Te quedas callado cuando día tras día, tu pequeño llega a casa llorando porque en la escuela le han dado golpes? ¿Qué pasa si tu niño tiene algún impedimento y los demás se burlan de él? ¿Qué padre o madre no se molesta cuando los demás alumnos son invitados a la fiesta de un compañerito, excepto su hijo? 

Aún ya crecidos, lo que les pasa a nuestros hijos, sea positivo o negativo, nos afecta. Si algo bueno, nos gozamos, celebramos y nos llenamos de satisfacción. Si algo malo, nos preocupamos, lloramos, experimentamos su pena en nosotros mismos. Los hijos son una extensión de nuestra propia persona, el buen padre que ama a sus hijos, se identifica con ellos en todo. Más que el apellido, el vínculo se extiende a nuestro propio ser, lo que afecta a mis hijos, de alguna forma me toca a mí también.

Se cuenta que “Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo. Envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero… le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Envió a otro siervo; y… también, le golpearon y afrentaron… Envió… un tercer siervo; e igual, le echaron fuera, herido. Entonces el dueño de la viña dijo: Enviaré a mi hijo amado; quizás… a él, le tendrán respeto. Más los labradores… discutían entre sí, diciendo: este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. Y le echaron fuera… y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros” (Lc. 20:9-16). Estas palabras enseñó Jesús acerca de su Padre, el dueño de la viña, de los profetas, los siervos enviados, y de sí mismo, el Hijo amado, despreciado y matado.

Ningún padre ignora el rechazo o el maltrato de su hijo. No lo haces tú, no lo hago yo, y puedes estar seguro, que tampoco lo hace Dios. ¿Cómo tratas tú a Su Hijo?



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lunes, 2 de mayo de 2016

Más tarde puede ser muy tarde | RPH 3875

por Cornelio Rivera


La anciana estaba moribunda, los hijos, en diversos lugares, recibieron el llamado de acudir al lecho de su madre. Ellos, ansiosamente se dirigieron a casa de ella, mientras viajaban, rogaban poder llegar a ver a su querida anciana viva todavía, para darle un último abrazo y decirle una última palabra. Al llegar, se reunieron alrededor de su lecho, miraron esas manos gastadas que tanto trabajaron por ellos, y la frente surcada de arrugas mostraba la larga trayectoria dedicada al cuidado y la preocupación de los suyos. En aquellos ojos, casi cerrados, vieron la expresión de cariño y dulzura que había siempre colmado sus vidas. 

Era imposible evitar las lágrimas y el sollozo, inclinándose, el mayor besó la cara de la anciana, diciéndole: "Madre querida, has sido tan buena con nosotros que queremos decirte cuanto te amamos y te agradecemos". Los ojos, casi cerrados, se esforzaron para abrirse, con un rostro iluminado, los labios que habían permanecido inmóviles, pronunciaron sus últimas palabras: "Gracias hijo, me conmueve saberlo, nunca me lo dijiste antes". ¡Cuán importante es expresar nuestro amor, devoción o agradecimiento, ahora!; más tarde puede ser muy tarde.

Apenas seis días antes de la crucifixión, sin imaginarse que era la última semana de Jesús en la tierra, sus discípulos le acompañaron a una cena en Betania, donde había resucitado a Lázaro. Allí estaban Lázaro y sus hermanas María y Marta. María, queriendo demostrar su devoción, amor, agradecimiento y sumisión a Jesús, ungió sus pies con un costoso perfume y los enjugó con sus cabellos (Jn. 12:3). A algunos, incluyendo a Judas Iscariote, les pareció un gasto exagerado e innecesario. Jesús, contemplando el corto tiempo que le quedaba en la tierra dijo: "Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto” (Jn. 12:7). María, de no haber hecho aquello en ese momento, después ya habría sido tarde. Ahora, somos nosotros los que partiremos a la eternidad, no sabemos si nos queda una semana, un mes, un año o quizás tan solo un día, ¿estamos expresando nuestra devoción a Dios y amor a los demás a nuestro alrededor? Más tarde puede ser muy tarde.



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jueves, 17 de marzo de 2016

Relaciones, responsabilidades y paz | RPH 3845

por Cornelio Rivera


El desarrollo de una vida normal se basa en dos cosas íntimamente ligadas: relaciones y responsabilidades. Las relaciones con otros son imposibles de evitar a menos que vivas totalmente aislado de los demás. Es sumamente difícil desenvolverse por sí solo, quizás un ermitaño pueda hacerlo por un tiempo, pero eso es la excepción y no la regla, no lo normal, no lo natural. Cada quien necesita una relación con otros, eso permite llenar nuestras necesidades emocionales, espirituales, materiales, económicas y de cualquier otra índole. Pero cada relación, íntima, cercana, ocasional o distante, conlleva en sí alguna forma de responsabilidad. 

Las responsabilidades derivadas de las relaciones con nuestra familia son obvias y bien conocidas. Pero, también las relaciones con otros miembros de la comunidad representan responsabilidades. Aquel de quien adquieres tus provisiones, tus víveres y cualquier otro producto, espera que cumplas con la responsabilidad de pagarle lo que compras. Si tú eres el que vende los productos a otros, tu responsabilidad es proveerles algo que en realidad represente el precio que te pagan. Como empleado tienes responsabilidad con tu jefe, y si eres jefe no estás exento de obligación para con tus empleados. Como estas, hay una multitud de otras relaciones en las que el aspecto de responsabilidad es una parte íntegral.

Mientras las responsabilidades se cumplen, las relaciones se mantienen saludables y la vida se desarrolla en forma ideal; en paz. Esto debe ser lo normal, sin embargo, la triste realidad es que en muchas relaciones alguien falla en su responsabilidad. Esto da lugar a conflicto, fricción y hasta a un rompimiento de la relación, transformándose en una situación hostil. Falta de paz debido a una relación rota y a la falla en la responsabilidad, es lo que predomina en nuestro mundo a todo nivel: personal, familiar, laboral, escolar, gubernamental, nacional e internacional. 

Aunque nos hemos acostumbrado a vivir en conflicto, eso no debe ser lo normal; eso no es lo que Dios desea. La Biblia promete que: "Hay un final dichoso para el hombre de paz" (Sal. 37:37). Cuando el nacimiento de Jesús fue anunciado a los pastores, la hueste de ángeles proclamó: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres" (Lc. 2:14). Dios desea dar "gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno" (Ro. 2:10). Y la exhortación que se hace en el libro de Romanos es: "Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, estén en paz con todos los hombres" (Ro. 12:18).

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martes, 1 de marzo de 2016

El jefe quiere hablar contigo | RPH 3844

por Cornelio Rivera


Un psicólogo realizó un experimento, para llevarlo a cabo visitó varias empresas y acercándose a algunos empleados les decía: "El jefe quiere hablar contigo". La reacción de las personas era preponderantemente de preocupación. Algunos palidecían, otros se mostraban perturbados y aunque no lo exclamasen verbalmente, sus rostros parecían preguntar: ¿qué habrá sucedido?, ¿qué me querrá decir?, ¿me van a despedir? 

Si has desempeñando tu labor como te han indicado, si has mantenido una buena relación con tu jefe y tus colegas, si has demostrado lealtad y dedicación a la empresa, no hay razón para preocuparte. Pero, si sabes que hay algo por lo que te puedan llamar la atención o aun despedirte, las palabras: "El jefe quiere hablar contigo" pueden hacer sudar tus manos y que tu corazón palpite más rápido. Según una antigua anécdota, algo similar sucedió cuando el canciller fue a entrevistarse con la Reina de Inglaterra. Al llegar el canciller, la Reina le dirigió una mirada que produjo una reacción en aquel hombre que le causó un paro cardíaco y la muerte.

Piensa en esto: si la mirada de una reina puede provocar temor, si saber que el jefe desea hablar contigo puede perturbar tu estado de ánimo y hacer fluir la adrenalina, ¿cómo reaccionarás al estar delante de Dios, el creador del universo, santo, soberano, conocedor de todo detalle de tu vida y poderoso para hacer contigo como Él considere apropiado? ¿Cuál será tu reacción cuando Dios te llame y quiera, por decirlo así, hablar contigo? ¿Cómo te hará sentir su penetrante mirada? ¿Está tu conciencia tranquila con tu relación y responsabilidad para con Él, de manera que si ahora mismo te llamara, tu reacción sería de gozo y no de temor? 

Jesús les dijo a los que verdaderamente creyeron en Él, que al estar ellos de nuevo en su presencia, el corazón de ellos se gozaría (Jn. 16:22). Por otra parte, la Biblia advierte diciendo: "¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb. 10:31). ¿Sabes lo que te espera, cuando Dios quiera hablar contigo?





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jueves, 11 de febrero de 2016

Viviendo según lo que sabes | RPH 3843

por Cornelio Rivera


Estaba lloviendo, y el joven de diecinueve años sabía que llegaría tarde a la universidad. Apresuradamente, con los libros en una mano, la chaqueta medio puesta y tratando de comerse una rebanada de pan, salió corriendo de su casa diciéndole a su madre: "¡Sí, ya lo sé, no tienes que decírmelo!". Esas fueron las últimas palabras que aquella mujer escuchó de los labios de su hijo. Un poco más tarde, le informaban que su hijo había tenido un accidente automovilístico. Según el reporte, el automóvil corría a excesiva velocidad, en una curva, y con el asfalto bastante resbaladizo, se salió de su carril yendo a pegar de frente con un camión que se aproximaba; la muerte fue instantánea. Comentaba después la madre, que sus últimas palabras a su hijo fueron: "Ten cuidado, no conduzcas tan rápido que está lloviendo". A eso fue a lo que el joven respondió: "¡Sí, ya lo sé, no tienes que decírmelo!". 

Si actuásemos según lo que sabemos, ¡cuán diferentes serían las cosas! Menos accidentes, menos vidas perdidas; mayor dedicación a las cosas importantes. La pobreza, los problemas sociales, la debida crianza de nuestros hijos, la responsabilidad a nuestras familias, la honestidad en lo que hacemos; recibirían mayor atención. Vivir según lo que sabemos, nos permitiría discernir entre lo bueno y lo malo. Pero hay gran incongruencia entre lo que hemos acumulado en la cabeza y la forma en que actuamos. Interesantemente, la Biblia explica que saber hacer lo bueno y no hacerlo es pecado (Stg. 4:17).

¿Qué otras cosas ya sabes, pero que no afectan tu vida? Dice la Biblia que el pecado nos separa de Dios, ¿sabes esto? ¿Afecta esa realidad la forma en que te conduces? Permíteme informarte de otra realidad, dice la Biblia que el “Señor vendrá como ladrón en la noche; que cuando digan paz y seguridad, vendrá destrucción repentina” (1 Ts. 5:2-3). Saber que en algún momento puede llegar un ladrón a tu casa, te hace adoptar medidas de seguridad. Saber que Jesús puede venir en cualquier momento para ejecutar juicio, ¿no afectará eso tu conducta y tu vivir?


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lunes, 25 de enero de 2016

Afectando positivamente a la sociedad | RPH 3841

por Cornelio Rivera


La sociedad está en crisis. Internacionalmente, el terrorismo está a la orden del día. Las opiniones difieren en cuanto a cómo responder. La pobreza y el desempleo han causado una ola de inmigración ilegal, con complicaciones en la economía global y fricción entre países. Las pandillas o maras, ya no son puramente locales, su violencia es un dolor de cabeza que ha atravesado fronteras. En Estados Unidos, las pandillas tienen unos ochocientos mil miembros operando en unas mil quinientas comunidades. También, hay reportes que indican alianzas entre las pandillas más violentas y el narcotráfico. ¿Hay alguna respuesta a esta jornada hacia la anarquía y violencia en nuestra sociedad? 

En realidad, los problemas sociopolíticos no son nada nuevo. En el primer siglo, la corrupción y tiranía en el mundo romano era tan espeluznante como la violencia de hoy. Roma ejercía el poder, los romanos desdeñaban a los griegos considerándoles indisciplinados, afeminados, inmorales y amantes del lujo. Las ciudades, como hoy, eran habitadas por los pocos ricos y los muchos pobres. La inmoralidad predominaba, resultado de una religión idólatra y tolerante del libertinaje sexual.

En ese contexto político y social, el Apóstol Pablo, conocedor del estilo de vida en la sociedad grecorromana, escribió de unos habitantes de la ciudad de Tesalónica, que habían aprendido a amarse los unos a los otros. Pablo los anima a abundar más en eso (1 Ts. 4:9-10), a dedicarse con ahínco al trabajo (1 Ts. 4:11), a conducirse honradamente con los demás (1 Ts. 4:12). Amor, dedicación al trabajo y una vida honorable, afectarán efectivamente a la sociedad. Pero antes que nada, Pablo dijo de aquellas personas, que en todo lugar, la fe de ellos era conocida y la gente reconocía como se habían convertido de los ídolos a Dios, con la fe y esperanza en Jesucristo (1 Ts. 1:8-10). Ese es el primer paso para que tu vida afecte positivamente a la sociedad en que vives.

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martes, 22 de diciembre de 2015

Respondiendo o ignorando el llamado | RPH 3840

por Cornelio Rivera


El ser humano tiende a ignorar los llamados o advertencias que se le hacen, la historia ilustra cuan peligroso es eso. En agosto del año 2005, se advirtió a la población de Nueva Orleans, en los Estados Unidos, que evacuara la ciudad, pues se avecinaba un huracán. Muchos respondieron, pero muchos otros no lo hicieron. La prensa criticó fuertemente al gobierno por su lentitud en responder a las necesidades de los damnificados, sin considerar la gigantesca tarea de rescate, la cual habría sido más manejable si la gente hubiese respondido al llamado de evacuación. 

Otras veces, las mismas autoridades son quienes no responden a las solicitudes de ayuda. En 1269, Níccolo y Maffeo Polo, regresaron de la China con cartas del emperador Kublai Khan solicitándole al Papa cien misioneros cristianos. Dos años después, los hermanos Polo, acompañados por Marco, de diecisiete años, emprendieron otro viaje a la China. Con ellos, el Papa Gregorio X envió: no cien, no cincuenta, no diez, no cinco misioneros, sino que envió dos frailes. Por supuesto, dos misioneros no bastaban para enseñar el mensaje cristiano en aquella extensa nación. A medio camino, temerosos de la jornada, los frailes  regresaron. El llamado de Kublai Khan, para cristianizar a la China, no tuvo resultados. Hoy, solo podemos especular si no habría sido diferente la historia de esa nación, la historia de lo conocido como cristianismo, y la historia del mundo entero, de haber sido atendido aquel llamado.

Hay otro llamado para todos nosotros, dice la Biblia que Dios nos llama de las tinieblas espirituales en que vivimos, a la luz divina y admirable (1 P. 2:9), y que Él, no porque lo merezcamos, sino por su misericordioso deseo de favorecernos, nos llama a su gloria eterna en Jesucristo (1 P. 5:10). El mismo Jesús exclama: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20). En Cristo, Dios nos llama a establecer una relación con Él. La pregunta es si tú has de responder, o si habrás de ignorar el llamado.

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viernes, 20 de noviembre de 2015

Venciendo la tentación | RPH 3838

por Cornelio Rivera


No hay día en que las personas no sean instigadas a hacer lo que no se debe. En casa, en la calle, en el trabajo, en la escuela, por la radio o por cualquier medio de comunicación, de alguna forma se nos invita a pensar o a hacer lo inapropiado. Desde el niño atraído a las galletas que su mamá le dijo que no tocara, hasta la mujer que coquetea con el hombre casado, o el empleado por cuyas manos pasan billetes que pueden ser fácilmente desviados al bolsillo, sin que nadie lo sepa. 

He aquí la tentación: la atracción hacia lo que pensamos nos proveerá satisfacción, pero lo cual, también sabemos que viola principios éticos y morales. La tentación en sí no es mala, al contrario, hay ocasiones cuando puede ser de beneficio. Dice la escritura que Jesucristo "fue tentado en todo… pero sin pecado" (Heb. 4:15). Esa tentación dio evidencia, para nuestro beneficio, de la completa perfección e impecabilidad de Jesucristo. En cuanto a la tentación que nosotros experimentamos, dice la Biblia: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Stg. 1:12). La pregunta es: ¿tenemos la fuerza para vencer? He aquí el beneficio de la tentación de Jesús para los hombres, pues explica la Biblia que "Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Heb. 2:18). Por lo tanto, Cristo puede ayudarte a vencer cuando eres tentado. 

Pero su ayuda no es automática para todos en toda tentación. Escucha la explicación de la Biblia: “No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Heb. 4:15). Y la conclusión a la que se nos llama es: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:16). ¿Te has acercado a Jesús, confiando absolutamente en Él y en su poder para vencer la tentación?

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viernes, 13 de noviembre de 2015

Obstáculos y victoria | RPH 3837

por Cornelio Rivera


Casi en todo lo que deseamos realizar encontramos dificultad o resistencia. Por muy pequeño que sea el proyecto, habrá contratiempos, inconvenientes e impedimentos. ¡Qué difícil es la vida! Desde las relaciones personales hasta en lo económico, en cuestiones de trabajo, en la escuela, en querer hacer lo bueno, lo correcto o lo justo, en todo lo que emprendemos, algo o alguien se pone en medio y da problemas. Ahora mismo quizás tú estés por realizar algo, pero hay detalles con los que no puedes proseguir porque algo o alguien se ha plantado como una barrera imposibilitando el paso. Si esto sucede en las actividades normales de la diaria existencia, cosas que puedes ver, también ocurre en otra área de tu vida que no es tan aparente ni visible; el área espiritual. 

En el libro alegórico llamado “El Progreso del Peregrino”, los nombres describen el carácter, personalidad o naturaleza de cada personaje o lugar. Cristiano, emprende una trayectoria desde la “Ciudad de la Destrucción” hasta la “Ciudad Celestial”. En su peregrinaje atraviesa por el “Pantano de Desánimo”, resiste las insinuaciones del señor “Sabio Mundanal”, y tiene que lidiar con la insinceridad de “Hablanchín”. Otros, con nombres como Apolión, Envidia, Superstición, No-bueno, Malicia, Ateo y el Gigante de Desesperación tratan de frustrar el peregrinaje e impedir que Cristiano llegue a la Ciudad Celestial.

Teniendo que pasar por el “Valle de Humillación”, el “Valle de Sombra de Muerte”, el “Castillo de la Duda” y la “Feria de la Vanidad”, la jornada de Cristiano es de constante oposición, obstáculo y dificultad, indicando que solo los que están totalmente determinados y apropiadamente equipados, la pueden realizar exitosamente. La alegoría acentúa la realidad bíblica de la dificultosa jornada espiritual, que el ser humano confronta durante su peregrinaje sobre la tierra hasta entrar a la eternidad. ¿Qué o quién está obstaculizando tu jornada hacia Dios? Dice la Biblia: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:57).


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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Tradicional o indiferente | RPH 3836

por Cornelio Rivera


En el pasado, las tradiciones producían fuerte oposición y escepticismo a las nuevas ideas, invenciones o descubrimientos. Copérnico y Galileo lo experimentaron cuando propusieron que el sol, y no la tierra, era el centro del universo. Marco Polo encontró gran escepticismo a sus descripciones de la China. Algunos geógrafos pensaron que la tierra era esférica y no plana. Cristóbal Colón también confrontó oposición al intentar zarpar hacia el occidente para llegar al oriente. Más reciente aún, en 1879, cuando la lámpara incandescente fue introducida, no todos quisieron usarla. Un presidente de los Estados Unidos exclamó: "Si necesito luz, hay amplia provisión de velas en la alacena". 

En el siglo XX, la revolución tecnológica extensa y rápidamente nos inundó con tantas invenciones, que viendo beneficios jamás antes imaginados, comenzamos a aceptarlo todo de inmediato, es por eso que al salir algo nuevo, casi todos lo poseen y lo usan. En contraste, algunos, por tradiciones que enfatizan un estilo de vida sencillo, no usan electricidad, ni automóviles; se transportan en un carro tirado por un caballo y se visten como sus antepasados de hace cien o más años.

El cambio drástico de rechazar lo nuevo, a rápidamente aceptarlo todo, tiene un paralelo en lo espiritual. Cuando la predicación de la Biblia y el Evangelio llegaron al mundo hispano, hace menos de dos siglos, la tradición religiosa y cultural fuertemente rechazó lo que se consideró diferente. Hoy en día, vamos al otro extremo, ya que las nuevas generaciones ávidamente acogen el libertinaje procedente del llamado mundo industrializado de Estados Unidos y Europa. De allí provienen filosofías que no tiene lugar para Dios, con una actitud indiferente hacia todo lo considerado religioso o espiritual. Sea por tradición o por indiferencia, nuestros países están diciéndole no a Dios. Lo serio es que tal cosa garantiza una certera retribución y castigo. ¿Qué eres?, ¿tradicional o indiferente?

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jueves, 22 de octubre de 2015

Eficacia del evangelio | RPH 3833

por Cornelio Rivera


La calidad y eficacia de un producto se demuestra en sus resultados: si un aparato electrónico te dura por mucho tiempo, concluyes que es de buena calidad. Una medicina que te quita rápidamente los dolores o cura tus malestares, dices que es eficaz. Hace varios años compré un automóvil usado, el dueño dijo que no funcionaba bien y que por eso lo vendía barato. Un amigo que sabe de mecánica le hizo unos arreglos y el auto me dio un servicio del cual no puedo quejarme. Lo usé por cinco años y recorrí ciento cincuenta mil kilómetros, indudablemente el vehículo era eficiente y de buena calidad. 

¿Por qué se quejaba el dueño anterior? Mi amigo mecánico dijo que, evidentemente, al auto jamás le habían cambiado el aceite. Durante el tiempo que lo tuve, estuve pendiente de cambiárselo con frecuencia, dándole el mantenimiento necesario; el auto demostró su buena calidad. Así es con todo producto, para que sea eficaz, cada cosa debe usarse según su diseño y de acuerdo a las instrucciones. 

En lo espiritual, la eficacia del Evangelio ha sido comprobada por dos mil años. En su forma bíblica, el Evangelio ha estado presente en los países hispanos desde hace dos siglos; los resultados en muchas vidas han sido visibles e innegables. Pero recientemente lo que pasa por Evangelio ha adquirido popularidad. Muchos, de todo nivel socio económico, declaran ser evangélicos. Hay grandes campañas, reuniones y numerosas congregaciones, pero los resultados están ausentes. Las vidas no son diferentes, hace falta verdadera entrega a Dios, moralidad, honestidad, amor, responsabilidad familiar, rectitud. 

¿Ha perdido el Evangelio su eficacia? ¡Imposible! Entonces, ¿qué ha sucedido? La instrucción básica para la eficacia del Evangelio la declaró Pedro al decir: “Arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados” (Hch. 3:19). Pablo escribió que claramente se observaba como los creyentes del primer siglo se habían convertido para servir al Dios vivo y verdadero (1 Ts. 1:9). ¿Será que hoy las instrucciones ya no se observan y falta verdadera conversión?

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miércoles, 14 de octubre de 2015

Cambio radical | RPH 3832

por Cornelio Rivera


Hace varias décadas, aparecieron en Estados Unidos unos vehículos que habían sufrido un cambio radical. Originalmente, su forma y función era la de un pequeño autobús con tres o cuatro filas de asientos; acomodaban unas doce o hasta quince personas. Algunos se usan todavía como minibuses de transporte colectivo en varios países hispanos, también quitándole los asientos, se usan para transportar carga. 

Pero, a alguien se le ocurrió transformar estos vehículos haciéndolos atractivos para las familias, con ciertas amenidades y comodidades de una sala. Les instalaron ventanas grandes con cortinas o persianas, forraron las paredes con madera simulada y cubrieron el piso con una alfombra gruesa. El modelo más básico tiene cuatro sillas poltronas o perezosas, que pueden girar de un lado a otro y se reclinan si quieres dormir una siesta, y en la parte trasera tienen un sofá que puede hacerse cama. Algunos tienen dos aires acondicionados, uno adelante y otro atrás. Prácticamente no tiene límites lo que puedes pedir que te instalen en una de estas naves: televisión, bar, refrigerador, estufa, mapa electrónico, etc. Estos vehículos han pasado por una verdadera transformación, la forma en que se conocen y la designación que se les da es: vehículos de conversión. La razón es que han sido convertidos de algo común a algo muy especial y notable de inmediato, especialmente al abrir la puerta y observar los cambios internos.

La Biblia también habla de conversión, una conversión con obvios y notables cambios en la vida de una persona. Tal como un vehículo continúa siendo como salió de la fábrica, a menos que lo conviertan o transformen en algo diferente, así sucede con una persona en su condición espiritual. Para que haya cambios en su vida, en lo que hace, en lo que vive, tendrá que pasar por una conversión radical interna. Cuando Jesús envió a Pablo a predicar el Evangelio le dijo: “Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hch. 26:18). ¿Has sido convertido por Dios?

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miércoles, 7 de octubre de 2015

Empeorar en vez de mejorar | RPH 3831

por Cornelio Rivera


Hay veces en las cuales, queriendo mejorar empeoramos. Allí, frente a la cámara, a la vista de miles de televidentes, estaba un niño, víctima de un accidente en el que su camisa comenzó a quemarse, las llamas amenazaban envolver la totalidad de su pequeño cuerpo. El niño desesperadamente corrió dando grandes gritos, hasta que alguien lo tiró al suelo intentando apagar las llamas. Mientras el niño corría tratando de quitarse las llamas, sin saberlo, empeoraba su situación: el viento producido con su carrera alimentaba las llamas y le convertía en una antorcha humana. 

Si no sabes nadar y te estás ahogando, tratando de salir a flote, más rápido te hundes  pataleando y dando manotadas. Hace un par de siglos, era común y aceptable como tratamiento médico sacarle la sangre a un paciente, considerando que algo malo en la sangre causaba la enfermedad, pues ellos pensaban que sacándola, el paciente obtendría mejoría, pero aquello, más bien aceleraba la muerte del enfermo. Hay veces en las que, queriendo corregir algo o mejorarlo, nuestras acciones lo empeoran.  

Al percatarnos de la importancia de lo espiritual, buscamos realizar mejoras, he allí la razón para la religiosidad en nuestros países. Votos, penitencias, peregrinajes, caridades, rituales, limosnas, rezos y oraciones, son formas de querer mejorar en lo espiritual. Sin embargo, la realidad es que tratando de mejorar espiritualmente, más bien empeoramos. Cuando confías en lo bueno que haces para ganar el favor de Dios, inconscientemente rechazas lo único divinamente establecido para ser aceptos ante Él. 

Dice la Biblia, que nuestras obras por muy buenas que sean, ante la santidad de Dios, son como trapos inmundos, sucios, inaceptables. Por eso, el privilegio de entrar y permanecer en su presencia no es por obras (Is. 64:6; Ef. 2:8-9). Lo único y necesario es ir a Cristo, pues con su muerte en la cruz, Él pagó por nuestros pecados y nos concede acceso a la presencia y bendición divina. Lo que cuenta delante de Dios es tu fe en Jesús, si te arrepientes genuinamente de tu pecado y recibes por fe a Jesucristo como Salvador, eso sí mejorará tu vida y tu futuro eterno.

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viernes, 25 de septiembre de 2015

Confianza sumisión y obediencia | RPH 3829

por Cornelio Rivera


Ya estando en el avión, como de costumbre, el piloto nos dio la bienvenida e informó que en breves momentos estaríamos despegando. Con varios aviones esperando turno, el piloto tomó su lugar para esperar la orden de la torre de control, mientras tanto la llovizna que había comenzado, era ahora un aguacero. Ya en posición, aguardando las instrucciones de la torre, nuestro avión continuaba esperando, el reloj seguía su marcha y la espera se alargaba. 

Pasado un rato, el piloto nos informó que le habían ordenado esperar debido a una serie de tormentas. Disculpándose por el retraso, dijo que posiblemente partiríamos dentro de pocos minutos, esto lo repitió varias veces y la espera se convirtió en más de dos horas. Finalmente, la torre de control dio la orden y el avión pudo salir. Aunque tarde, pero sanos y salvos, llegamos a nuestro destino.

¿Imagínate si el piloto, desobedeciendo a la torre, hubiese decidido partir? ¿Qué si los pasajeros amotinados hubieran demandado el despegue? Algunos, seguramente tenían compromisos, otros, conexiones con otros vuelos; a lo mejor los perdieron. También, es posible que alguien haya perdido un negocio. Pero todo era secundario, considerando que desobedecer la orden de esperar, podría haber costado la vida de los pasajeros y la tripulación. El operador de la torre, mejor que nadie, puede evaluar las condiciones para volar. Es la responsabilidad del piloto someterse y obedecer las instrucciones. Lo más provechoso para los pasajeros es someterse a las decisiones del piloto y de la torre.

En la vida diaria, Dios, como un operador de torre conoce mejor que nadie las tormentas, los vientos fuertes, así como la mejor hora en la cual tú puedes hacer las cosas y hacia dónde dirigirte. ¿Estás dispuesto a someterte a sus instrucciones y obedecerle? Dice la Biblia: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Pr. 3:5-6).

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viernes, 11 de septiembre de 2015

Dos propósitos, dos destinos | RPH 3828

por Cornelio Rivera


El descubrimiento de América marcó grandes diferencias entre las colonias españolas y las inglesas. Con el tiempo, esas diferencias fueron acentuándose, los puritanos que zarparon hacia Norte América no fueron motivados por un espíritu aventurero. Viajando con sus familias se proponían labrar la tierra y establecer un hogar en el nuevo continente. 

En contraste, los viajeros a Iberoamérica eran hombres buscando fortuna y aventura. Llegaron solos, sin intención de traer a sus familias, su actitud se refleja en las palabras de Hernán Cortés: "Vine a buscar oro, no a labrar la tierra como campesino". Los españoles y portugueses vinieron, no a establecerse como colonizadores sino como conquistadores, a llevarse lo que pudieran encontrar. Habiendo dejado a sus esposas en Europa, satisficieron su sexualidad con las mujeres nativas, quienes dieron a luz a una nueva raza, una raza mixta, que no conoció a sus padres porque estos regresaron con sus esposas y familias al viejo continente. 

Muchos colonizadores en Estados Unidos, por lo menos al principio, fueron producto de la Reforma, gente que leía la Biblia, dedicados a Dios y a sus familias, deseando glorificarle y ser bendecidos. Sin embargo, los conquistadores en la nueva Iberia eran el producto de la contra-Reforma y de la Inquisición, fieles a su tradición y jerarquía religiosa. Para ellos, la Biblia era un libro prohibido, su interés era carente de lo espiritual, buscando la riqueza personal y el prestigio de la Corona española. En resumen, los colonizadores buscaban conscientemente la bendición de Dios y la obtuvieron. Sin embargo, los conquistadores intentaban fama y riqueza, y aunque algunos la obtuvieron, fue de corta duración. Estas diferencias en propósito dieron curso a un desarrollo diferente en las dos Américas (“Crisis in Latin America”, pág. 66).

Hoy, ¿qué buscas tú? ¿Riqueza, fama, ganancia, beneficio propio? ¿Hay algún lugar para Dios en tu vida? Lo que busques y hagas te afectará a ti, a tus hijos y hasta las generaciones futuras, y más importante aún, afectará tu destino eterno.

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viernes, 4 de septiembre de 2015

En el último minuto | RPH 3826

por Cornelio Rivera


¡Qué emoción cuando el gol ganador entra a la red faltando unos segundos para terminar el partido, o cuando el balón entra a la canasta al momento del pitazo que pone final al encuentro, o cuando el batazo con las bases llenas da por terminada la entrada y el juego! Es entonces cuando saltas de la silla o de la gradería y gritas con aprobación. Hay equipos que tienen la reputación de ganar juegos ¡en el último minuto! El problema es que al hacerlo varias veces, el público espera que siempre que vayan perdiendo puedan hacer lo milagroso y ganar una vez más, segundos antes del silbato, ¡en el último minuto! Pero bien sabemos que esas hazañas no ocurren todo el tiempo, y que llega el momento cuando el juego se pierde. 

Algunos viven y hacen las cosas, esperando ese último momento. El estudiante, teniendo todo un semestre, comienza su proyecto unos pocos días antes de vencerse el plazo. Muchos esperan hasta el último día para llenar formularios, hacer solicitudes o pedir extensiones. Aunque decimos: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", difícilmente aprendemos la lección, y nos acostumbramos a dejar las cosas para mañana o para más tarde, lo cual nunca llega y cuando llega ya es muy tarde, nadie puede vivir así y esperar que todo vaya a salir bien. 

El último minuto puede ser emocionante en el deporte, pero cuando las cosas importantes de tu vida están de por medio, no puedes esperar que siempre ocurra un milagro. Lo más crítico de dejar para el último momento es no arreglar cuentas con Dios, sino hasta estar en cama, cerca de la muerte. Nada es más peligroso que pensar que tal vez en ese entonces, puedas tener oportunidad para hacerlo.

La Biblia te insta a que al escuchar el llamado de Dios no endurezcas el corazón (Heb. 4:7). “He aquí el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación" (2 Co. 6:2). ¡Cuán urgente es responder al mensaje de Dios en Cristo! Si esperas hasta mañana, quizás ese mañana no llegue. No esperes hasta el último minuto, responde ahora mismo.

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miércoles, 26 de agosto de 2015

Obstáculo a la bendición | RPH 3825

por Cornelio Rivera


He transitado por muchas carreteras en los países hispanos, en algunas, apenas sientes el movimiento del auto, en otras tienes que ir muy despacio para evitar caer en lo que parece ser un cráter, y arriesgar que te trague la tierra. A ciertos lugares llegas con relativa facilidad, a otros, con muchos obstáculos. Eso me hace pensar en las muchas dificultades de hace apenas unas cuantas décadas atrás para llegar a muchos de esos lugares. 

Leyendo un libro acerca de exploradores y arqueólogos, descubridores de ruinas y antiguas civilizaciones, me doy cuenta de cuán difícil fue para aquellos pioneros penetrar densas junglas, cruzar elevadas montañas, atravesar peligrosos y caudalosos ríos, y literalmente abrir camino para llegar a sitios que hoy visitas con relativa facilidad. Llegar a esos lugares requirió quitar los muchos obstáculos que los exploradores inicialmente encontraron. 

Selvas fueron despejadas, montañas prácticamente partidas por mitad o perforadas con túneles para atravesarlas. Ríos han sido desviados o puentes construidos para lograr pasar al otro lado. Antes de que el moderno viajero pudiese beneficiarse de las maravillas de esas civilizaciones, antes de poder admirar las antiguas culturas, fue necesario remover los obstáculos del camino. Haber logrado eso en el pasado, nos ha beneficiado en el presente. 

Existe un paralelo con la situación espiritual de los hombres. Dios desea favorecernos abriendo el camino que nos lleva libremente a gozar de los tesoros de su gracia. Pero, hay un obstáculo en particular que se debe remover para que seas beneficiado con todo lo que Él tiene para ti. Jesús lo explicó diciendo: “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (Jn. 3:12). Nuestra tendencia a la incredulidad, es una formidable barrera que nos impide gozar de las maravillas que Dios desea mostrarnos. El Apóstol Pedro lo expresó diciendo que para los que no creen, Jesucristo viene a ser una piedra de tropiezo (1 Pe. 2:8). ¿Dejarás que la incredulidad continúe siendo el obstáculo que te impide llegar a gozar de la bendición de Dios?

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viernes, 24 de julio de 2015

Necesidad que necesita respuesta | RPH 3824

por Cornelio Rivera


En un experimento se investigaba la disponibilidad de la gente para ayudar a otros, el resultado de dicho experimento fue emitido en la televisión. Para realizar la investigación, un hombre ciego, con anteojos oscuros y un bastón, fue dejado en una esquina muy transitada. El objetivo era saber cuánto tiempo tomaría hasta que alguien le ayudara a cruzar la calle. En esa ciudad grande, decenas tras decenas de personas atravesaban la calle, muchos de ellos se pararon a la par del ciego para esperar la señal del semáforo; nadie, por un espacio de varios minutos, hizo el menor intento para responder a la necesidad. Fue hasta después de un largo tiempo, que alguien se le acercó y le dijo: "ahora puede cruzar." 

Muchos de los que por allí pasaron, quizás, así son en todo, jamás ponen interés en los demás para ayudarles. Otros, seguramente estaban tan concentrados en lo que hacían o pensaban, tan apurados para llegar a donde iban, que simplemente no se percataban de la necesidad, que enfrente de ellos, demandaba atención personal inmediata. Otro experimento fue hecho con una persona impedida que no podía doblar una rodilla, a quien se le cayeron algunos papeles. Mientras él hacía toda clase de intentos para recoger los papeles, la gente pasaba, pero nadie se paraba a ayudarle. 

¿Cómo respondes a las necesidades a tu alrededor? ¿Estamos tan ocupados con lo nuestro, tan concentrados en lo personal que no tomamos ni siquiera unos segundos, para responder a las obvias necesidades enfrente de nuestros propios ojos? ¡Qué alivio cuando alguien responde a nuestras necesidades! 

En efecto, todos tenemos una necesidad espiritual urgente. Dios, pudiendo resolverla, no la elude ni vacila en contestar. Jesús dijo a un líder religioso llamado Nicodemo: “Os es necesario nacer de nuevo” (Jn. 3:7). Explica la Biblia, que todos los seres humanos, aunque vivos físicamente, estamos espiritualmente muertos delante de Dios en nuestros pecados (Ef. 2:1). Dios responde a la necesidad espiritual cuando el que cree es hecho hijo de Dios, siendo renacido por el poder de su Palabra (1 P.1:23). Los seres humanos no llenamos las expectativas de otros en sus necesidades, pero Dios sí responde a tu necesidad.

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