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viernes, 13 de noviembre de 2015

Obstáculos y victoria | RPH 3837

por Cornelio Rivera


Casi en todo lo que deseamos realizar encontramos dificultad o resistencia. Por muy pequeño que sea el proyecto, habrá contratiempos, inconvenientes e impedimentos. ¡Qué difícil es la vida! Desde las relaciones personales hasta en lo económico, en cuestiones de trabajo, en la escuela, en querer hacer lo bueno, lo correcto o lo justo, en todo lo que emprendemos, algo o alguien se pone en medio y da problemas. Ahora mismo quizás tú estés por realizar algo, pero hay detalles con los que no puedes proseguir porque algo o alguien se ha plantado como una barrera imposibilitando el paso. Si esto sucede en las actividades normales de la diaria existencia, cosas que puedes ver, también ocurre en otra área de tu vida que no es tan aparente ni visible; el área espiritual. 

En el libro alegórico llamado “El Progreso del Peregrino”, los nombres describen el carácter, personalidad o naturaleza de cada personaje o lugar. Cristiano, emprende una trayectoria desde la “Ciudad de la Destrucción” hasta la “Ciudad Celestial”. En su peregrinaje atraviesa por el “Pantano de Desánimo”, resiste las insinuaciones del señor “Sabio Mundanal”, y tiene que lidiar con la insinceridad de “Hablanchín”. Otros, con nombres como Apolión, Envidia, Superstición, No-bueno, Malicia, Ateo y el Gigante de Desesperación tratan de frustrar el peregrinaje e impedir que Cristiano llegue a la Ciudad Celestial.

Teniendo que pasar por el “Valle de Humillación”, el “Valle de Sombra de Muerte”, el “Castillo de la Duda” y la “Feria de la Vanidad”, la jornada de Cristiano es de constante oposición, obstáculo y dificultad, indicando que solo los que están totalmente determinados y apropiadamente equipados, la pueden realizar exitosamente. La alegoría acentúa la realidad bíblica de la dificultosa jornada espiritual, que el ser humano confronta durante su peregrinaje sobre la tierra hasta entrar a la eternidad. ¿Qué o quién está obstaculizando tu jornada hacia Dios? Dice la Biblia: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:57).


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lunes, 1 de diciembre de 2014

Seguridad | RPH 3731

por Cornelio Rivera


Hay seguros contra incendio, seguros de vida, médicos, automovilísticos y seguros contra muchas otras cosas. Pero vivimos constantemente inseguros, entre más problemas, más inseguridad. Aunque hemos experimentado alguna pequeña mejoría en la estabilidad política, cosas como la perpetua corrupción gubernamental y empresarial, el caos económico, la delincuencia común, la proliferación del sida, los problemas escolares, la inestabilidad familiar, la escasez de trabajo, la pobreza y otras inquietudes, mantienen a la población descontenta e insegura. 

Obviamente hay excepciones, pero para muchos el futuro es incierto, pocos pueden planear con algún sentido de seguridad y confianza. ¡Cuán importante es tener alguna seguridad! Pero, que se base en la realidad de lo que se pueda experimentar y no en un optimismo falso, motivado por la esperanza en algún político. Sin embargo, a pesar de la incertidumbre que puedas tener en tu trabajo, en tu familia, tu negocio, tus planes, tu salud o en cualquier otra área, hay algo en lo que puedes, sin lugar a dudas, tener absoluta certeza, completa seguridad, confianza total. 

El Apóstol Pablo también afrontó mucha incertidumbre. Él dijo haber experimentado: "cárceles, peligros de muerte, azotes con varas, naufragios, peligros de ríos, de ladrones, peligros en la ciudad, en el desierto, en el mar, peligros entre falsos amigos, trabajo y fatiga, desvelos, hambre y sed, frío y desnudez" (2 Co. 11: 23-28). Todo esto y más de lo que hoy nos aflige, Pablo lo experimentó. Pero, varias veces él usó la expresión: "estoy seguro", y aseveró que se consideraba vencedor (Ro.8:37-39). ¿Seguridad y victoria? ¿Cómo es esto? Escucha sus palabras: "estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo futuro, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8:38-39). Y agregó: "yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día" (2 Ti. 1:12). Seguridad de victoria en las inquietudes presentes y certeza en el futuro eterno. Todo eso, depende del poder de Jesucristo.

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