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martes, 3 de marzo de 2015

Egolatría | RPH 3785

por Cornelio Rivera


El emperador Augusto engrandeció a Roma, consolidó el imperio y aseguró las vías de transporte, conduciendo a dos siglos de lo que fue denominada la “Paz romana”. Fue experto en administración, comercio, propaganda y usó las obras de Virgilio, Horacio y Propercio para avanzar la posición imperial. Cuando algunos comenzaron a adorarlo como un dios, Augusto no se los impidió. El poeta Virgilio afirmó que según los dioses, Roma dominaría al mundo a través de Augusto, de quien Virgilio dijo, descendía del príncipe troyano Eneas, cuya madre, se creía, era la diosa Venus; esto dijo Virgilio del “divino” Augusto.  

El siguiente emperador fue Tiberio y después Calígula, este último era aún más vanidoso de su supuesta divinidad. Aunque no creía en los dioses, supuso que ser considerado divino, sería políticamente ventajoso. Calígula construyó un templo para sí mismo y una estatua, insistía que vistieran la estatua con ropas como las que él usaba, decía hablar con los dioses, susurrando a las estatuas en los oídos, y en una ocasión, hasta amenazó a Júpiter. Después de cuatro años como emperador, teniendo solo 29 años, Calígula fue asesinado.

En su obra “Juventud, Egolatría”, Pío Baroja escribió que: "con el egotismo sucede como con las bebidas frías en verano: cuanto más bebes, más sed tienes". Otros creen que las palabras más importantes son las relacionadas con las que denotan posesión, como por ejemplo: mí, me y mío. Egolatría, vanidad, presunción, soberbia; en cierto grado, todos nosotros las practicamos; unos más, otros menos, pero ninguno de nosotros escapa de esa realidad. 

Pocos tienen el poder y recursos, como para actuar como emperadores, pero cada quien es capaz de imaginariamente considerarse, no un dios nacional, pero si el diosito del barrio, de la escuela, del lugar donde trabaja, etc. Tenemos la tendencia a sobrestimarnos, especialmente si sobresalimos en alguna área, tal actitud es fácilmente reconocida y aborrecida por nuestros semejantes. ¿Qué reacción producirá esto en Dios?

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jueves, 5 de febrero de 2015

No hay superioridad | RPH 3768

por Cornelio Rivera


Considerarse mejor que otros es un mal universal. A un muchacho se le ocurrió comentar: “¿Cómo se sentirá ser feo?”. ¡Imagínate la opinión de sí mismo en relación a otros! Pero, es en lo racial o social donde más se expresa superioridad. En la India, las castas, supuestamente superiores, ejercen prominencia sobre las consideradas inferiores. Sentirse superior puede llevar hasta al genocidio, como los nazis que intentaron exterminar a los judíos, como los japoneses, que cometieron atrocidades contra los coreanos y chinos en el siglo XIX. Lo mismo ocurrió en la guerra civil de Estados Unidos, pues tuvo como trasfondo la esclavitud de las personas traídas de África. 

Hernán Cortés declaró no haber venido “a labrar la tierra como un peón", pues para los conquistadores, los pueblos originarios del nuevo continente eran inferiores. Estos labrarían la tierra, pero los recién llegados darían las órdenes. Al llegar los exploradores, la población nativa fue drásticamente reducida, tanto por las enfermedades que trajeron los conquistadores, como por la guerra para la conquista y por el maltrato del que fueron víctimas los pueblos autóctonos. 

Unos pocos intentaron defender a los nativos. Bartolomé de las Casas participó en el debate que preguntaba: “¿Tienen alma los nativos?”. En 1537 el Papa afirmó que sí, declarándoles humanos. Pero, ¿por qué el debate y la necesidad de una declaración papal? Sencillamente, porque los europeos se creían superiores. ¡Qué ironía! Bartolomé de las Casas, por defender a los nativos americanos, pidió importar personas de África para el trabajo forzado, del cual trataba de librar a los nativos. Millones de africanos, considerados inferiores, fueron llevados a toda América. 

Sentirse superior, racial, social o intelectualmente, produce trágicos resultados. Dios quiere que nos veamos como Él nos ve. Dice la Biblia: "Nadie tenga más alto concepto de sí del que debe tener, sino que piense de sí con cordura" (Ro. 12:3). Jesucristo expresó lo que Él desea en nosotros al decir: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen potestad. Mas entre vosotros no será así; el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mt. 20:25-26). También dijo: “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mt. 18:4).

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