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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Tradicional o indiferente | RPH 3836

por Cornelio Rivera


En el pasado, las tradiciones producían fuerte oposición y escepticismo a las nuevas ideas, invenciones o descubrimientos. Copérnico y Galileo lo experimentaron cuando propusieron que el sol, y no la tierra, era el centro del universo. Marco Polo encontró gran escepticismo a sus descripciones de la China. Algunos geógrafos pensaron que la tierra era esférica y no plana. Cristóbal Colón también confrontó oposición al intentar zarpar hacia el occidente para llegar al oriente. Más reciente aún, en 1879, cuando la lámpara incandescente fue introducida, no todos quisieron usarla. Un presidente de los Estados Unidos exclamó: "Si necesito luz, hay amplia provisión de velas en la alacena". 

En el siglo XX, la revolución tecnológica extensa y rápidamente nos inundó con tantas invenciones, que viendo beneficios jamás antes imaginados, comenzamos a aceptarlo todo de inmediato, es por eso que al salir algo nuevo, casi todos lo poseen y lo usan. En contraste, algunos, por tradiciones que enfatizan un estilo de vida sencillo, no usan electricidad, ni automóviles; se transportan en un carro tirado por un caballo y se visten como sus antepasados de hace cien o más años.

El cambio drástico de rechazar lo nuevo, a rápidamente aceptarlo todo, tiene un paralelo en lo espiritual. Cuando la predicación de la Biblia y el Evangelio llegaron al mundo hispano, hace menos de dos siglos, la tradición religiosa y cultural fuertemente rechazó lo que se consideró diferente. Hoy en día, vamos al otro extremo, ya que las nuevas generaciones ávidamente acogen el libertinaje procedente del llamado mundo industrializado de Estados Unidos y Europa. De allí provienen filosofías que no tiene lugar para Dios, con una actitud indiferente hacia todo lo considerado religioso o espiritual. Sea por tradición o por indiferencia, nuestros países están diciéndole no a Dios. Lo serio es que tal cosa garantiza una certera retribución y castigo. ¿Qué eres?, ¿tradicional o indiferente?

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lunes, 15 de diciembre de 2014

El llamado divino | RPH 3733

por Cornelio Rivera


Hay sonidos que instantáneamente reconocemos: la sirena de la ambulancia indica una emergencia médica y la alarmante bocina del carro de bomberos, un incendio. Otros sonidos, con su monotonía, nos relajan y nos ayudan a dormir, como por ejemplo la lluvia que cae continuamente o el constante estallido de las olas contra la playa y las rocas. Hay sonidos que nos hace sobresaltar al irrumpir súbitamente: una explosión, un fuerte e inesperado golpe o un avión sobrevolando a baja altitud. Hay sonidos de alegres celebraciones, entusiasta aprobación o de jocosa diversión, en contraste, reconocemos lo que comunica tristeza, angustia o violencia. 

Otros sonidos nos hacen responder a lo que nos indican: la alarma del reloj nos dice que ya es hora de levantarse, el repicar del reloj de pared anuncia la hora del trabajo o de la escuela, el teléfono insiste en que lo levantemos, los timbrazos en la escuela te dicen que una clase comienza y después te anuncia que termina, el silbato de la fábrica les deja saber a los empleados el inicio y el cese de sus labores. Por todo esto y mucho más, se puede decir que los sonidos son parte importante de la vida.

En un tiempo, Dios llamaba a su pueblo con la trompeta, que en realidad era un cuerno de carnero. Varias veces en el año los hacían sonar, llamándoles a reunirse y conmemorar algo que Dios había hecho en su favor. En el mes séptimo, el cuerno les llamaba a celebrar el perdón de pecados, la provisión divina en el viaje a la tierra prometida y también la provisión estando ellos ya en Canaán. Todo comenzó cuando Dios les instruyó en el Sinaí a acercarse y presentarse ante Él cuando escuchasen cierto sonido, ese sonido, les llamaba a entrar a la presencia divina (Ex. 19:13, 16, 19). 

Hoy, Dios no nos llama con trompeta, pero sí nos llama con el evangelio (2 Ts. 2:14). Jesucristo dice en el libro de Apocalipsis, "He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él…" (Ap. 3:20). No dejes que su llamado, expresado en la Biblia y en el evangelio, sea en vano. No seas como aquellos de quienes Jesús dijo: "ustedes no quieren venir a mí para que tengan vida" (Jn. 5:40), porque su promesa es "al que a mí viene, no le hecho fuera" (Jn. 6:37).

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martes, 14 de octubre de 2014

Insensibles al amor divino | RPH 3716

por Cornelio Rivera


En la adolescencia se aprende mucho; es un tiempo cuando se es y al mismo tiempo no se es. Se es más que un niño, pero no todavía un adulto, en esta etapa se experimentan cambios físicos, emocionales, intelectuales y se aprende de la vida, de las personas alrededor, del ser humano en general, del mundo y sus problemas. Pero también se cree saberlo todo y tener la solución a toda dificultad, por eso existe la tendencia a rebelarse, porque con lo que se supone saber, se considera a los padres y a esa generación, ignorantes, anticuados, pasados de moda. No es mi propósito criticar al adolescente; todos pasamos por esa etapa, todos experimentamos algo similar.

Como adolescentes también hemos sido insensibles. La mamá puede estar cansadísima pero, ¿cuantos jóvenes se ofrecen para ayudar con el aseo de la casa? Con todo el esfuerzo paternal para proveer para la educación, las necesidades y aun los gustos de los adolescentes, ¿cuántos dicen?: "Gracias mamá y papá por lo que hacen por mí; sé que todo lo hacen porque me aman. Gracias". ¡Qué bueno que la etapa de insensibilidad pasa! El problema es grave, si dejando de ser adolescentes, permanecen tan insensibles y desapercibidos como que si nada hubieras hecho por ellos.

Le dijo Dios al pueblo de Israel: "Yo os he amado" (Mal.1:2). Pero, insensiblemente ellos preguntaron: "¿En qué nos amaste?”. En esos momentos eran como el adolescente insensible, que a pesar de todo lo que sus padres hacen por él, es incapaz de reconocer la motivación de amor. Pero Israel había sido objeto del amor divino por ya más de mil años, su etapa de adolescencia ya había pasado, ahora siendo adulto, era todavía insensible al amor divino.

Dios nos dice que te ha amado a ti y a mí y no solo a Israel. La Biblia lo afirma diciendo que: "de tal manera amó Dios al mundo que dio a su único hijo para que todo aquel que en él crea no se pierda, más tenga vida eterna" (Jn. 3:16). Y también que: "Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros" (Ro.5:8). ¿Entiendes esto? ¿Eres sensible a ese amor? ¿Has respondido demostrándole agradecimiento?

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